El almacenamiento poscosecha es una de las etapas más sensibles en la cadena agroalimentaria. Una vez cosechadas, frutas y hortalizas continúan siendo organismos vivos: respiran, transpiran y reaccionan al entorno. En ese contexto, la gestión ambiental dentro de las cámaras de almacenamiento se vuelve determinante para preservar la calidad comercial del producto.
Si bien la temperatura suele ser la variable más controlada, la humedad relativa (HR) cumple un rol igual de crítico y, en muchos casos, subestimado. Cuando la HR no se mantiene dentro de rangos adecuados, comienzan a aparecer pérdidas de peso, deterioro visual y una reducción significativa de la vida útil del producto almacenado.
La humedad relativa del aire influye directamente en el intercambio de agua entre el producto y el ambiente. Cuando el aire es demasiado seco, se genera un mayor gradiente de pérdida de humedad desde el tejido vegetal hacia el entorno.
Una HR baja acelera la transpiración, provocando una pérdida de peso que impacta directamente en el rendimiento comercial. Esta merma no solo afecta el volumen vendible, sino también la apariencia del producto.
Además de la pérdida de peso, una humedad inadecuada puede provocar:
Desde el punto de vista técnico, este fenómeno se explica a través del déficit de presión de vapor (DPV), un indicador que permite medir el estrés hídrico al que está sometido el producto durante el almacenamiento.
Mantener una humedad relativa estable y adecuada genera beneficios medibles en la operación poscosecha.
Este tipo de control permite sostener la calidad comercial durante más tiempo, algo clave en mercados exigentes y cadenas de distribución largas.
Uno de los principales desafíos en cámaras agrícolas es aumentar la humedad sin mojar el producto ni las superficies. El exceso de agua libre puede generar condensaciones, favorecer el desarrollo de patógenos y comprometer la sanidad del ambiente.
Los sistemas de humidificación mediante micro-niebla seca permiten elevar la humedad relativa de forma precisa, creando un ambiente homogéneo sin generar gotas visibles. Este enfoque ayuda a:
La clave está en lograr un equilibrio entre humedad suficiente y seguridad operativa.
El control de la humedad relativa no debe analizarse de forma aislada. En cámaras de almacenamiento eficientes, esta variable trabaja en conjunto con otros factores ambientales.
La conservación poscosecha eficiente depende del equilibrio entre estas variables, no de una única condición ambiental.
La regulación precisa de la humedad relativa es especialmente relevante en distintos eslabones de la cadena productiva.
Cada especie vegetal requiere rangos específicos de humedad, lo que refuerza la importancia de contar con sistemas flexibles y adaptables.
Una correcta gestión de la humedad relativa permite reducir el desperdicio de alimentos, mejorar el rendimiento comercial y sostener la calidad del producto a lo largo del tiempo. En un contexto donde la eficiencia y la sostenibilidad son cada vez más relevantes, el control ambiental se convierte en una herramienta estratégica.
Rodin acompaña a la industria agroalimentaria con soluciones técnicas orientadas a optimizar los procesos de almacenamiento, aportando tecnología aplicada para mejorar resultados, preservar la calidad y reducir pérdidas en la etapa poscosecha.
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