En muchos entornos industriales, especialmente en la industria alimentaria, la humedad relativa suele quedar en segundo plano frente a variables más visibles como la temperatura, el flujo de aire o la refrigeración. Sin embargo, lo que a simple vista parece un dato menor puede transformarse en mermas de producto, pérdida de calidad y costos acumulativos difíciles de detectar.
La humedad del aire influye directamente en cómo los productos respiran, transpiran y conservan su agua a lo largo del tiempo. Cuando no se controla de forma adecuada, incluso procesos bien diseñados pueden perder eficiencia. En este artículo analizamos por qué la humedad relativa es una variable crítica, qué ocurre cuando está fuera de rango y cómo gestionarla de manera precisa en ambientes productivos.
La humedad relativa (HR) es la proporción de vapor de agua presente en el aire en relación con la cantidad máxima que puede contener a una determinada temperatura, y se expresa como porcentaje. En términos simples, un ambiente con 100 % de HR es un aire completamente saturado de humedad.
Mantener la humedad relativa dentro de rangos adecuados es fundamental para evitar que los productos pierdan agua de forma acelerada o, en el extremo opuesto, que se generen condiciones desfavorables en el ambiente. Un concepto clave asociado es el déficit de presión de vapor (DPV), que describe la diferencia entre la presión de vapor del producto y la del aire que lo rodea. Cuanto mayor es ese déficit, mayor es la tendencia del producto a perder agua.
Por eso, el control de la humedad relativa es una herramienta central para reducir esta pérdida “invisible” y preservar la calidad.
En la industria alimentaria, muchos productos frescos requieren humedades relativas elevadas, generalmente en el rango de 85–95 %, para conservar su peso y calidad comercial durante el almacenamiento o el procesamiento.
Cuando el ambiente se mantiene dentro de estos rangos de forma estable, se logran beneficios concretos:
No se trata únicamente de alcanzar un valor puntual de humedad, sino de sostenerlo en el tiempo. Las fluctuaciones constantes generan estrés en el producto y aceleran procesos de deshidratación, incluso si el promedio de HR parece adecuado.
Cuando la humedad relativa desciende por debajo de valores recomendados —por ejemplo, por debajo del 75–80 % en productos que requieren HR alta— comienzan a manifestarse efectos fisiológicos que afectan directamente la calidad.
Entre las consecuencias más habituales se encuentran:
Estas pérdidas no siempre se detectan de inmediato. En muchos casos, se trata de un deterioro progresivo que se vuelve visible cuando el producto ya perdió valor comercial.
Aunque cada producto responde de manera diferente, todos dependen del ambiente para su conservación.
La humedad relativa recomendada suele ubicarse entre 65 y 75 %, dependiendo de la etapa del proceso. Cuando la HR es demasiado baja, se acelera la deshidratación y la pérdida de peso, afectando el rendimiento final.
Requiere humedades relativas elevadas, generalmente entre 90 y 95 %. Valores inferiores al 85 % incrementan notablemente la merma durante el almacenamiento, aun cuando la temperatura sea adecuada.
Se conserva mejor en rangos de 90–95 % de HR. Cuando la humedad cae por debajo del 85 %, aparecen signos de deshidratación superficial y pérdida de firmeza, demostrando que la temperatura por sí sola no es suficiente para preservar la calidad.
Estos ejemplos refuerzan una idea clave: el control térmico sin control de humedad es incompleto.
El control de la humedad relativa presenta un desafío técnico concreto: los sistemas de refrigeración y HVAC tienden, por diseño, a secar el aire. Esto dificulta alcanzar y sostener humedades elevadas en ambientes productivos.
El verdadero desafío no es solo agregar humedad, sino:
Lograr este equilibrio requiere soluciones diseñadas específicamente para el control ambiental industrial.
La humidificación controlada permite regular con precisión la humedad relativa mediante sensores, sistemas de control y actuadores que responden en tiempo real a las condiciones del ambiente. En este contexto, soluciones como Aguatronics de Aguair permiten un control mucho más preciso que los métodos tradicionales, reduciendo variaciones y mejorando la estabilidad del proceso.
A diferencia de soluciones convencionales que suelen generar picos de humedad, mojado del ambiente o falta de estabilidad, sistemas como Aguatronics permiten alcanzar altos niveles de HR de forma controlada y sostenida, sin comprometer las condiciones del proceso ni la integridad del producto.
A diferencia de sistemas simples de nebulización, este tipo de tecnología está diseñada para integrarse a entornos industriales, ofreciendo control continuo y confiable. En Rodin SRL, además de la provisión de estas soluciones, realizamos asesoramiento técnico en planta para la puesta en marcha y el ajuste fino del sistema, adaptándolo a las condiciones reales de cada operación.
La humedad relativa no es un dato accesorio: es un parámetro estratégico que impacta directamente en la calidad, el peso y la vida útil de los productos. Diseñar y controlar adecuadamente los ambientes productivos permite procesos más eficientes, resultados más previsibles y menores pérdidas.
En próximas ediciones profundizaremos en otras variables ambientales clave y en cómo su correcta gestión contribuye a optimizar procesos industriales y de almacenamiento.
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